¡Gracias por todo!
Nos vemos el año que viene

Saluda de la

Alcaldesa

La Navidad es una época propicia para pronunciar palabras con las que expresamos nuestros mejores sentimientos. Y ésta sería una buena ocasión para repetir algunas de esas frases, sino fuera porque considero que ahora, más que nunca, no es momento de grandes declaraciones, sino de grandes hechos.

Esta Navidad será diferente a todas cuantas hemos conocido en las últimas generaciones y por eso, debemos aprovechar la ocasión para poner en valor múltiples detalles cotidianos que quizá, hasta hace poco, no valorábamos lo suficiente, cuando no, sencillamente, los despreciábamos por su cotidianidad.

Pasábamos en las calles la mayor parte de nuestro tiempo yendo de aquí para allá. Por las noches nos reuníamos con amigos o familiares para compartir cenas y celebraciones. En los bares y restaurantes nos apiñábamos sin más motivo que celebrar que nos conocíamos o también, para añorar y brindar por los ausentes. Cantábamos junto al árbol o al belén, mezclándonos con desconocidos a los que sonreíamos sólo porque era Navidad.

Ahora eso ya no importa. Las circunstancias son las que son y tenemos una oportunidad irrepetible para transformar los buenos deseos en realidad. Las fiestas navideñas de 2020 pueden pasar a la historia no por la situación sanitaria, sino por ser aquellas en las que recuperamos las sensaciones de nuestra infancia.

Podrían ser aquellas en las que volvamos a mirar con ojos de niño, cuando no nos importaban las comidas de empresa, ni las cestas, ni las compras compulsivas, y cada día, desde el sorteo de la lotería, que era cuando tradicionalmente nos daban las vacaciones escolares, era un anhelo constante de la noche de Reyes y de la mañana del seis de enero.

En aquellas Navidades de nuestra infancia nos alimentábamos del espíritu de la fiesta. Los turrones y mazapanes eran un condimento más y los regalos un aliciente, pero lo que hacía verdaderamente especiales esas Navidades cuyo recuerdo nos enternece, es la profunda, sincera y radical inocencia con que las vivíamos.

Es cierto que el habitual programa de actos navideños se ha visto condicionado por las circunstancias, pero, si como decía Saint-Exupéry, lo esencial es invisible a los ojos, ¿por qué no aprovechamos esas circunstancias en positivo para hacer que ésta sea la Navidad en la que recuperamos lo esencial?

Ése es mi deseo para todas y todos, que no pensemos en las cosas materiales que nos faltan, sino en aquellas que siendo invisibles, nos abrirán los ojos al verdadero espíritu de la Navidad.

Tita García Élez
Alcaldesa

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